"Una situación de violencia de género es un hecho grave del cual se tiene que hacer cargo la universidad"

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Dra. Vanesa Vázquez Laba
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La Dra. Vanesa Vazquez Laba, directora de Género y Diversidad Sexual de la UNSAM, señaló que “la gran conquista feminista dentro de las universidades es que las instituciones que fueron creadas para la producción y para la transferencia del saber hoy se están mirando hacia dentro y están viendo que el clima universitario es expulsivo para las mujeres y para las otras identidades por violencia y  discriminaciones  que se han naturalizado”.

La Doctora Vanesa Vazquez Laba, investigadora del CONICET en la Universidad Nacional de San Martín, donde también dirige el Programa Contra la Violencia de Género (PCVG), pionero en el ámbito universitario nacional,  dictó la conferencia denominada “La Violencia de Género en la Universidad ”. El evento se realizó el pasado 9 de mayo en el campus universitario de Río Gallegos ante una concurrida audiencia perteneciente a distintos claustros; estudiantes, docentes y no docentes de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral así como público en general.
La Dra.Vazquez dialogó con FM UNPA  sobre  la actualidad de las  problemáticas de género en las universidades  y como la UNSAM  las ha confrontado.

¿Coméntanos cómo encaras esta charla?

Yo pertenezco a la Universidad Nacional de San Martín. Allí estoy a cargo de la  Dirección de Género y Diversidad Sexual de la Secretaria Académica. Hace seis años que venimos trabajando la temática dentro de la universidad por lo cual tenemos mucha experiencia en las situaciones de discriminación y violencia de género, en la intervención y ahora en todo lo que tenga que ver con las áreas sustantivas de la universidad, que son la formación y la investigación.
Me han invitado a la UNPA, como lo vengo haciendo en varias universidades de distintas provincias, porque es una problemática que inquieta al estudiantado, al claustro docente, al nodocente y también a las autoridades. Ya no se puede seguir conviviendo con un clima hostil de discriminación y de violencia.
En el caso de San Martín, nosotros hicimos un estudio que fue publicado el año pasado,  donde vemos que el clima universitario se define por la violencia simbólica, es decir, todo tipo de actitud de discriminación y  menosprecio hacia las mujeres o también hacia otras identidades de género o disidencias sexuales por la condición de género. Esto es lo estructural y lo que venimos a trabajar fuertemente, además de que existen otro tipo de situaciones que tienen que ver con la violencia física, con la violencia sexual, psicológica o los vínculos sexo afectivos dentro del estudiantado o entre docentes y estudiantes que después terminan siendo situaciones violentas.
Es muy heterogéneo el panorama, por eso es un tema muy delicado a trabajar, porque no se trata a cada caso de una misma forma. Nosotras en San Martín trabajamos con tipologías de caso, con intervenciones que a veces aplican protocolo, lo que significa abrir un sumario o convocar un tribunal académico y un juicio académico para un docente, es decir aplicar el reglamento ante una situación de violencia de género.
Y en otros casos, cuando las practicas tienen que ver con situaciones menos graves en el sentido de que no ha habido una situación de violencia del orden de lo penal, como puede ser violencia sexual o física donde también tiene que intervenir el Sistema de Salud.
Estoy hablando de lo que más se ve en  la universidad que son estos destratos, maltratos, discriminaciones, actitudes vinculadas al menosprecio y el sexismo, etc. Eso es lo que hay que trabajar fuertemente en distintos planos y ahí nosotras desde la Universidad de San Martín hemos creado muchos dispositivos.
Intervenir cuando hay un caso, por ejemplo lo que se da mucho son situaciones de acoso sexual que no tienen connotación física, que son verbales y que hoy además se usan mucho los dispositivos tecnológicos como whatsapp o facebook.  Nosotras en esos casos trabajamos mucho con el estudiantado esta posición de que cuando una chica dice que “No” es “No”, el juego de seducción con la insistencia se convierte en acoso sexual.
Esto también son enseñanzas de modelos seducción, modelos de erotismo, esquemas del amor  y de los vínculos sexo afectivos que hay que trabajar también en los espacios universitarios porque vienen de modelos viejos que el feminismo ha puesto en jaque, fundamentalmente las jóvenes han puesto en jaque  el derecho  a que su  “No”  sea escuchado, y que cuando una chica dice “No”, no hay que seguir insistiendo y que si la insistencia se sostiene y las cartas de amor por whatssapp se sostienen, eso tiene que ver con el acoso. Estamos trabajando en este terreno que es bastante complicado, porque involucra distintos órdenes de la vida que la universidad por definición nunca se ocupó de esto,  que es del orden de lo personal.
Después están las actitudes más tradicionales que son de situaciones en el aula, de docentes con manifestaciones, ejemplos, chistes misóginos que desprecian a las mujeres o a las identidades de género. Esto también hay que trabajarlo fuertemente no solo porque existen leyes, sino porque hay toda una literatura en el marco de los derechos humanos que hay que saber. Por más que un docente este en el campo de la biología, de las ciencias duras debe conocer que en el aula podemos tener estudiantes con otra identidad que no sea binaria y que se debe  respetar esa posición, esa identidad, ese deseo y aplicar las leyes.

Decías que estás en una Dirección de Género en tu universidad y que hace seis años vienen trabajando estas problemáticas.  Para lo que se ha escuchado, incluso en el ámbito del CIN, parece muy adelantado

La Universidad de San Martín, es una de las pioneras. Nosotras creamos en el 2014 un programa que fue de vanguardia, el Programa contra la Violencia de Género, porque empezó a intervenir las situaciones de violencia de género en la universidad. Hasta ese entonces sólo Comahue había creado un protocolo después de una batalla que dieron fuertemente en la universidad frente a un caso de acoso sexual de un docente de muchos años, que no lo podían sacar de la universidad. Y después de ahí se construyó este instrumento que fue el primer protocolo.
Luego en el 2015, las universidades de San Martín, Córdoba, una Facultad de Rosario junto con otras universidades empezamos a delinear y luego a aprobar por Consejo Superior los protocolos,  que son un instrumento de procedimiento para ver cómo se hacen las instituciones frente a un caso, es decir, cuáles son los pasos a seguir, así como incorporar - lo mas importante- que una situación de violencia de género es un hecho grave del cual se tiene que hacer cargo la institución.
No significa que esto esté pasando ahora, violencia, discriminación, sexismo hemos vivido todas a lo largo de nuestras trayectorias universitarias. Ahora se visibiliza el tema y se lo interviene.
La gran conquista feminista dentro de las universidades es que las instituciones que fueron creadas para la producción del saber y para la transferencia de saber hoy se están mirando hacia dentro y están viendo que los climas de producción del saber y de transferencia del saber son expulsivos para las mujeres y para las otras identidades por este tipo de discriminaciones que son sutiles, y que se han naturalizado.
Es todo un gran desafío que hemos venido llevando adelante  ya varias universidades.  Creamos en el 2015 la Red Interuniversitaria por la Igualdad de Género y Contra la Violencia (RUGE), el año pasado pasamos al CIN. Se logró institucionalizar ese actor. Sandra Torlucci, es Rectora de la Universidad Nacional de las Artes y coordinadora de la Red, la Universidad de San Martín tiene la coordinación ejecutiva y además la coordinación del CEPRES.
Esto lo que nos ha dado es una organización interna entre las compañeras de las distintas universidades que llevan adelante los proyectos, una agenda en común. Hasta el año pasado teníamos agendas muy dispersas, todas con el mismo horizonte, por supuesto, pero eran bastante dispersas porque estaban vinculadas a la militancia, al compromiso de las compañeras que es intachable, donde todas venimos poniendo el cuerpo, algunas con mucho apoyo institucional como fue mi caso y otras con trabas, con obstáculos, como es el caso de varias compañeras que por ejemplo al día de hoy no tienen protocolo.
El paso político de pasar al CIN tiene que ver con tres cosas: poder fortalecer las universidades y no quedar en la arbitrariedad de la gestión de esa universidad porque esto ya se discute en el CIN; en segundo lugar se discute en el CIN como política universitaria; y en tercer lugar se pelea presupuesto.
Todo esto nunca está como línea presupuestaria de la universidad y si las universidades quieren la permanencia y  la graduación de sus estudiantes, se tienen que hacer cargo de este tema. Los datos develan que muchas de las estudiantes dejan de cursar, abandonan su trayectoria o van circulando por distintas universidades porque se encuentran con malestares encarnados en docentes misóginos, o en compañeros misóginos que la universidad al no hacerse cargo las expulsa. Este es un problema no solo de violencia de género, es un problema educativo, es un problema del sistema universitario.

Vanesa, ¿Cómo han manejado en tu universidad los casos de intervención con un protocolo?, ¿Han tenido resoluciones en los casos de violencia de género? Te pregunto porque nuestra universidad tiene un protocolo muy nuevo pero se han dado casos incluso antes de que estuviera aprobado el protocolo y se ha visto que son muy difíciles de resolver algunos casos, incluso por la apelación del denunciado del simple derecho a estudiar por ejemplo.

El derecho a estudiar mientas está siendo investigado; al sumariado hay que sostenerlo, es un derecho universal y hay que sostenerlo. Hablo en estos términos porque cuando entra en la órbita de legales de la universidad tiene similitudes con el sistema judicial por decirlo de alguna manera, se investiga, se le abre un sumario, se toma la denuncia, las pruebas y luego se genera un dictamen, después el Consejo Directivo y el Decano que preside el Consejo tomarán las decisiones en relación a la sanción. Y la sanción está estipulada en la normativa, en el reglamento estudiantil. Nosotras no inventamos nada de eso, simplemente con el protocolo lo que hacemos es un procedimiento. 
La ley  26.485  señala que el testimonio de la mujer habilita un informe de situación el cual es elevado a las autoridades. Las autoridades lo que tienen que hacer es incorporarlo dentro del procedimiento administrativo. En el caso de los estudiantes, un sumario.  Se abre una investigación administrativa, que es por ejemplo un sumario que se hace a un estudiante y ahí nosotras trabajamos mucho con el área legal y técnica, este también es parte de nuestro desafío en sensibilizar a las personas que hacen los sumarios porque investigar una situación de violencia de género no es lo mismo que investigar un plagio o un robo dentro de la universidad o una situación de violencia entre dos agrupaciones estudiantes por ejemplo. Es otra cosa, tienen que leer literatura sobre violencia de género, cómo se investiga y luego nosotras monitoreamos bastante ese trabajo. Trabajamos en colaboración con el área legal y técnica, se que eso dificulta un montón , los abogados no están formados pero hay que formarlos, es parte de nuestra militancia el ir sensibilizando todas las áreas de la universidad.
Si partimos del lugar que la universidad es patriarcal y toda la gente que trabaja en la universidad es patriarcal, por lo tanto no se puede hacer nada, entonces dediquémonos a otra cosa.
Yo vengo acá a contarles que en seis años hemos conversado, convencido, construido alianzas con muchos sectores de la universidad para poder hacer una universidad más democrática, más inclusiva y feminista.
No está llena de feministas mi universidad, pero necesitamos las alianzas y vamos a convertir mucha gente, sensibilizarla. Que identifique esta problemática como derechos humanos, ese es el trabajo que como militantes debemos hacer dentro de las instituciones.
Cuando nosotras tenemos al personal y a las autoridades convencidas con que  esto tiene que ver con un proyecto democrático universitario, ahí los casos siguen su camino, no se traban. El problema es que las trabas son políticas no son administrativas. Utilizan la administración para trabarlo, pero siempre es político. La violencia de género es política.

¿Qué opinas de la adhesión de las universidades a la Ley Micaela?

La adhesión que hizo el CIN a la Ley Micaela es muy importante porque al ser aprobada en el Senado el año pasado aplicaba para los tres poderes del Estado Nacional. Lo que hace el CIN es adherir a la ley pero además significa que las autoridades se van a tener que capacitar pero le suma que se van a capacitar todos los claustros , es decir los docentes, no docentes y estudiantes y también las autoridades del CIN, eso es muy importante también porque ahí se discuten todas las políticas universitarias. Ahí no tienes más margen de que algunas universidades si y otras no, o tal vez. El CIN recomienda este tipo de políticas y después está la autonomía universitaria y cada universidad lo pasa como el caso de la UNSAM y la UNPA por Consejo Superior, donde aprobaron por unanimidad y eso legitima esa política. Es muy importante porque si la haces jerárquica, no construyes consenso. Trabajamos en la construcción de consenso.
Con la Ley Micaela va a ser un trabajo arduo pero importantísimo y profundo para poder empezar a sensibilizar a todos los actores que componen el sistema universitario.

¿En estos seis años han notado mejoras  en la UNSAM en el caso de la violencia simbólica que mencionabas?
Muchísima, fue en etapas. La primera etapa fue identificar el espacio del Programa Contra la Violencia de Género como un espacio amigable a pesar de ser un espacio institucional. Esto parece una tontería pero no es tonto porque la desconfianza en la institución es muy alta con estos temas.
Las estudiantes y docentes al principio tenían mucha desconfianza de poder resolver e intervenir, por ejemplo, cuando es un docente conocido o prestigioso, una autoridad.  o cuando incluso es el estudiante brillante de la clase. Eso lo pudimos revertir y crear un vínculo de confianza con el trabajo y a través de ir demostrando que los casos avanzaban y no se cajoneaban y estancaban. Ahora menos porque ya está mucho más aceitado el camino pero al principio fueron muy difíciles  por todo el trabajo de convencimiento que hay que hacer dentro de la universidad. 
Hoy en día lo que te puedo decir es que está más incorporado en la práctica, hablando criollo “se cuidan más”, es como que hay mucho más cuidado de las formas, de lo que se dice.

¿Cuál es la expectativa al compartir la experiencia de tu  universidad ?

Contar la historia de San Martín es sensibilizar y mostrar que se puede transformar una institución. Yo soy una militante feminista y he pasado por distintos espacios. En el último tiempo me dedique a realizar política feminista dentro de la institución.
El feminismo tiene mucho de lo autónomo de las organizaciones feministas presionando a las instituciones, y esta es una etapa yo donde como investigadora del CONICET solo iba e investigaba daba los contenidos  y no hacía política universitaria feminista y hace seis años que hago eso y quiero mostrar los avances y la importancia.
Y el caso de San Martín es un caso testigo, y no solo San Martín sino que ahora muchas compañeras están avanzando un montón en otras universidades donde siempre está el diálogo, la rama feminista en esto es fundamental, porque siempre estamos compartiendo experiencias la solidaridad entre nosotras las compañeras es importante.
Y en mi caso venir a contar la experiencia sobre San Martín es eficiente, es mostrar un horizonte posible, porque a veces me ha pasado a mi la sensación de frustración de que esto no lo vamos a poder transformar es muy difícil, o que no estamos ocupando los espacios de poder. Son sensaciones que se van diluyendo cuando una ve que la otra pudo, que hay muchas tácticas y estrategias que hay que aprender y leer políticamente, que este no es un trabajo solo institucional de gestión sino que es hacer política   dentro de la universidad, y que no se hace política únicamente, sino que también hay que leer y estudiar porque estamos dentro de un espacio  universitario de formación, por lo cual el trabajo es doble y dificultoso, pero muchas de las compañeras son investigadoras, docentes y lectoras por lo que les gusta y les apasiona el conocimiento y esto tiene mucho de esto porque cuando nosotras discutimos, discutimos con argumentos y contenido.
Y con la historia y la historia del feminismo que ya tiene más de 200 años, con muchas luchas feministas que se han dado, y con responder la pregunta sobre la opresión.
Responder por ejemplo sobre una de las cosas de las cuales voy a hablar hoy acá es sobre definir y delinear  la violencia de género en la universidad, nosotras no podíamos extrapolar un concepto, porque hicimos un intento y nos dimos cuenta que no funcionaba, porque la violencia doméstica y el tratamiento de la violencia doméstica a la universidad, porque es otro tipo de violencia son otros tipos de prácticas sociales   y como socióloga tengo que identificar esa conducta social para poder intervenir sino es imposible.
¿Cómo voy a intervenir y cómo voy a sancionar por definición un tipo de violencia, que por definición corresponde a otro tipo de violencia?
Ahí está todo mal, por lo que nosotras hicimos un diagnóstico, por eso empecé la charla hablando sobre un tipo de violencia y de que mi problema en la Universidad de San Martín es la violencia simbólica porque estadísticamente es lo más alto que me salió, las otras también, pero éste fue el dato más importante de mi encuesta. Nosotras tenemos que trabajar con diagnósticos, no con  casos,  saber qué es lo que les está pasando a nuestro estudiantado, qué es lo que padece.
Y desde ahí la producción de conocimiento es fundamental. 

 

Formulario para denuncias de violencia de género