"Además de investigar y dar clases tenemos que tener el oficio de escritor"
La Mg. Adriana Falchini, reconocida profesional de la Universidad Nacional del Litoral, dictó esta semana en Río Gallegos el curso de postgrado 'La escritura en el trabajo docente. La construcción de autorías intelectuales y discursivas', durante el cual mantuvo tres jornadas de enriquecedor intercambio con docentes y alumnos de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral sobre un tema tan antiguo como recurrente en la vida académica.
Invitada por la Asociación de Docentes e Investigadores de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (ADIUNPA) en el marco del Programa Nacional de Formación Gratuita para Docentes universitarios (FODU), Falchini brindó una entrevista a 'Conexión UNPA' en la que reparó en la necesidad de “empezar a reconocer a la escritura como un oficio socio – técnico que tiene elementos muy sofisticados” y “es parte constitutiva de la acción de producir el conocimiento”.
“Se está revisando en muchos diseños curriculares, por ejemplo, que la producción de tesis o de un trabajo final necesitan un acompañamiento mínimo de un año, pero no para producir ese escrito, sino porque durante ese acompañamiento tenemos la posibilidad maravillosa de enseñar a escribir como un saber perdurable”, dijo.
- ¿Cuál es el eje principal de esta propuesta?
El problema de la escritura, que tiene que ver con la comunicación de lo que investigamos, de lo que hacemos y también con la promoción en las aulas, atraviesa todo nuestro trabajo. Entonces proponemos empezar a reconocer A la escritura como un oficio socio – técnico que tiene elementos muy sofisticados. Darle un lugar significa básicamente empezar a pensar qué tiempo y espacio se dedica en las aulas, en nuestro trabajo, en la disposición también de las horas que nos asignamos en nuestros proyectos.
La escritura no es decir 'que bueno, trabajo, estudio y en algún ratito escribo', sino que es parte constitutiva de la acción de producir el conocimiento. Entonces inevitablemente estamos siempre volviendo sobre ese tema, que muchas veces se naturaliza, porque todo el mundo sabe escribir. Pero si todos esperamos una mejor calidad de escritura, mayor vitalidad, mayor autoría, hay que intervenir y producir mediaciones concretas para que eso suceda.
En eso estamos.
- ¿Hay una falencia en la formación profesional con la escritura?
Yo no uso la palabra falencia, ni falta. Creo que eso ha conspirado contra la identidad de escritores. Tal vez hay falta de experiencia, de acompañamientos y de motivaciones sociales. Porque la identidad de escritor se construye básicamente con motivaciones como quiénes van a leer, dónde, porque es una tarea muy costosa en aspectos cognitivos y en aspectos de tiempo. Escribir cuesta.
Eso no va a poder cambiar, porque la escritura es una operación del pensamiento sofisticada. Lo que implica que si cuesta, por lo menos valga la pena. Entonces también a la par e escribir, los estudiantes, los tesistas, también tienen que tener motivaciones, básicamente en los acompañamientos.
Se está revisando en muchos diseños curriculares, por ejemplo, que la producción de tesis o de un trabajo final necesitan un acompañamiento mínimo de un año, pero no para producir ese escrito, sino porque durante ese acompañamiento tenemos la posibilidad maravillosa de poder enseñar a escribir como un saber perdurable.
Esto se tuvo que empezar a revisar, porque muchas veces se estudia, se hacen cosas y luego se hace el trabajo final como si fuera sólo acumular en un papel lo realizado. Bueno, no. Esa instancia de publicación del trabajo final de una tesis es como el marco para poder tener un año de acompañamiento muy organizado, de modo que ya que me costó tanto hacer ese escrito, además encuentro una técnica perdurable para el estudio.
- ¿Cuales son las herramientas que le aporta a los docentes y alumnos para eso?
Básicamente me dedico a pensar estas cuestiones desde hace bastante tiempo, entonces a partir de los mismos problemas que los docentes comparten empezamos a hacer muchas experiencias, a intentar ensayar mediaciones pedagógicas, a documentar lo que le sucede a los estudiantes, a los tesistas, mientras tienen problemas y eso fue derivando en una organización del trabajo de la escritura que básicamente la podemos resumir en trasponer el mundo de la edición al mundo de la escritura. Un escritor que se puede ver como tal, autoedita sus textos.
Pero hay que tomar un poco de atención y ver que significa eso, que fases hay, que momentos, que técnicas, que saberes se supone que tiene que tener alguien que edita. Entonces extrapolar el mundo de la edición es que pasa por procesos un texto hasta convertirse en publicable. Todo texto empieza a ser una versión, un borrador y va sufriendo transformaciones hasta que adquiere la capacidad de ser leído. Ese proceso es naturalmente así.
Lo que diferencia al que tiene una identidad de escritor del que no es que sabe que hay que pasar por ese proceso y actúa del mismo modo que un editor en una imprenta.
- ¿Y la mirada de terceros no es necesaria durante este proceso?
Fundamental. La escritura es un hecho colaborativo grupal, siempre. Hay muchos tipos de escritura, pero el ámbito en que nos movemos estamos hablando de la escritura de estudio, de investigación, la que se produce en ámbitos donde uno estudia y elabora conocimientos.
El proceso de elaboración de conocimientos, de escritura, que sería ponerle un poco de recorte a eso que estamos estudiando, leyendo, observando, y luego este proceso de que se convierta en un escrito que comunique eso, es colaborativo. Debe ser leído por otros, objetivar el escrito, ver los efectos.
Es una técnica que se cultiva en privado, porque finalmente es uno el que tiene que tomar las decisiones sobre ese texto en proceso, pero se pone a prueba en lo social y es lo que va dándole la vitalidad que necesita ese texto para que adquiera la capacidad de ser publicable y ser leído. Y entonces en eso también implica cómo organizar el trabajo de autoedición, o de edición guiada.
En general la propuesta que acercamos es primero hacer ediciones guiadas para que aprendan a autoeditarse. Pero quién enseña a los estudiantes y a los tesistas a autoeditarse? Es un saber flotante que se supone adquirido, pero no, porque es una técnica. Y para eso estamos, para tratar de encontrarnos con esa técnica, para darle su lugar y ver algunas cuestiones que están bastante inventadas. Falta que las incorporemos y las naturalicemos. Es un trabajo. Además de investigar, además de dar clases, tenemos que tener el oficio de escritor.
- ¿Las nuevas tecnologías ayudan o atentan contra esta posibilidad?
Las nuevas tecnologías no resuelven para nada ni cambian esto que decíamos antes, de poder producir conocimiento y comunicarlo. Lo que si nos ponen hoy son una serie de posibilidades bien interesantes. Ahora hay mapeos colectivos, infografías, que tiene que ver con otra manera de comunicar los datos que no son simplemente textos impresos, lineales, verbales.
Y segundo, agiliza la posibilidad de publicar, porque la publicación de libro tiene sus condicionamientos, es muy costoso. Entonces lo digital ha dado la posibilidad de la publicación que hoy es casi una herramienta, me animo a decir, de democratización muy fuerte.
Hace poquito pude publicar un libro que habla de estas cosas, pero no tengo muchos ejemplares. Se hace una versión digital y se pone a disponibilidad de todos. Y además ese es un debate que también está en la comunidad científica: para que guardar los libros como propiedad privada, si el conocimiento, con el respecto de siempre citar, siempre es colectivo.
















