"Hay que repensar el vínculo entre el saber de la universidad y el saber de los sectores populares"
El Dr. Humberto Tommasino, uno de los principales referentes en materia de vinculación y extensión universitaria de América Latina, visitó por primera vez la provincia de Santa Cruz la semana pasada y compartió con docentes, no docentes y alumnos de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral la experiencia que se está llevando a cabo en la Universidad de la República (Uruguay), donde un porcentaje importante de los planes de estudio incluyen el trabajo en territorio y la atención de las problemáticas de la comunidad como parte central de la formación de los futuros profesionales
Con el taller ‘Curricularización de la extensión e integralidad de las prácticas universitarias’ Tommasino inauguró formalmente el Seminario de Postgrado ‘Paradigmas y prácticas extensionistas’, organizado por la UNPA con el objetivo de desarrollar entre los miembros de la comunidad universitaria las habilidades necesarias para trabajar como actores involucrados en el territorio, promoviendo la sensibilización y entrenamiento para la mejora en el desempeño de actividades de extensión y transferencia vinculadas a las carreras.
En una extensa charla con Página UNPA, el reconocido profesional uruguayo detalló los desafíos que implica la curricularización de la extensión universitaria y realizó un profundo análisis sobre el rol que debe tener la Universidad Pública en los países de nuestra región.
- ¿Que implican la curricularización de la extensión y la integralidad de las prácticas Universitarias?
Concretamente, hablamos de la posibilidad de tener una universidad que forme distinto a los estudiantes y que pueda también trabajar diferente con la población con la que se relaciona. Es pensar en una universidad cada vez más integrada a la sociedad, generando acciones que contribuyan a resolver los problemas importantes que la población tiene y pensando en formar profesionales no sólo como técnicos, sino también como universitarios que tengan un nivel de sensibilidad y solidaridad a la hora de ejercer la profesión.
Hay actividades que los estudiantes hacen en forma muy marginal, como la extensión e inclusive la investigación y la idea central que planteamos es integrar la extensión como una actividad normal y cotidiana. Eso implicaría que los docentes tengan actividades de extensión incluidas en las disciplinas que dictan y que en distintos estadios de la carrera los estudiantes puedan tener instancias de formación y de trabajo con actores sociales en territorio, con organizaciones, con grupos de vecinos, con pobladores, con agricultores familiares, con campesinos, con productores rurales y que incorporen una práctica concreta en la que generemos un 'diálogo de saberes'.
- ¿Que peso deben tener estas prácticas dentro del plan de formación y cómo se evalúan?
Esa es una discusión que deben dar los cogobiernos de las universidades. Nosotros lo que estamos planteando es que los planes de estudio de las distintas carreras incluyan esta modalidad de integralidad. Eso debe estar formalmente establecido, incorporando incluso las problemáticas concretas a tratar por parte de los docentes y estudiantes con la comunidad.
Por otro lado, eso implica modificar la carrera docente, porque en general los profesores estamos acostumbrados a trabajar en el aula y en algunos casos hay actividades de extensión, pero no necesariamente junto con los estudiantes y no necesariamente desde las disciplinas. Entonces la idea que estamos trayendo es que el docente pueda planificar su semestre o su año con espacios de trabajo con los actores sociales y que su disciplina se nutra con contenidos vinculados a las problemáticas reales y concretas del territorio, de la población y de la comunidad.
- ¿Esto pasa en la Universidad de la República?
Está empezando a pasar. Nosotros venimos insistiendo con esto desde hace seis o siete años y tenemos un avance relativo, porque ésta es una cuestión que implica repensar todo: la tarea docente, la logística de la universidad y el presupuesto. La Extensión integrada a la currícula obliga a pensar en un presupuesto mayor al que hoy se tiene. Pero hoy tenemos, en una universidad de 80 mil estudiantes, 10 mil que hacen este tipo de prácticas y 600 o 700 docentes que están en el terreno. En Medicina, por ejemplo, el plan de estudios indica que los estudiantes de primero a tercer año convivan en comunidades realizando tareas de educación sanitaria, de formación en salud comunitaria, de educación para la salud, cuestión que no pasaba en el plan anterior, que era prácticamente interno, intramuros.
- ¿Tiene cuestionamientos o resistencias este modelo?
Si. Tiene cuestionamientos serios por parte de un espacio docente fuerte que entiende que la tarea no necesariamente tiene que hacerse con actores sociales. Hay un sector academicista fuerte que se opone a que los docentes repensemos nuestra tarea. Eso es exactamente lo que está pasando hoy. Los alumnos están abiertos. Hubo un fuerte impulso de la Federación de Estudiantes en un primer momento. Si bien el apoyo al trabajo en comunidad no es lo que pasaba hace un tiempo, son ciclos. Lo que está claro es que los estudiantes que pasan por este tipo de experiencia tienen un nivel de satisfacción con la formación mucho mayor que aquel que no lo hace y esto lo demostramos con una investigación que la encargamos a la licenciatura en Ciencias de la Educación, sobre un grupo importante de estudiantes que pasaron por la experiencia en 2013. La investigación refrenda que este tipo de formación genera aprendizajes significativos diferentes.
- ¿Esto exige un rol social y hasta político de la universidad?
Sin duda. Una de las cuestiones que ponemos en consideración es que no podemos tener cualquier tipo de vínculo con la comunidad. Los vínculos con la comunidad deben ser muy cuidados y deben estar caracterizados por la escucha, la posibilidad de mutua interpelación de los saberes de la universidad y de los actores sociales. Ahí tomamos de Sousa Santos, que es un sociólogo portugués muy importante, la idea de 'ecología de saberes', que es la posibilidad de generar espacios en donde distintos saberes puedan interpelarse mutuamente: el saber popular, el saber que tiene la población, sea campesina, sea un grupo de vecinos, referida a temáticas diversas. Qué es lo que saben esas poblaciones con respecto a ese tema y que es lo que sabe la academia y como podemos generar un espacio en donde esos saberes generen un saber nuevo. Esto con mucha dificultad, porque el saber académico se ha pensado como un espacio válido y no interpelado por nadie durante siglos. Hay que repensar ese vínculo del saber de la universidad y el saber de los sectores populares. Creemos que la universidad – y esto lo decimos con mucho cuidado- puede contribuir a generar procesos de democratización, de creciente mejora de los derechos humanos de las personas y de los sujetos colectivos. En esa dimensión hay que pensar la Extensión integrada a lo que los estudiantes hacen.
Entonces lo que estamos pensando es cómo acompañamos a los docentes en esa tarea, cómo generamos espacios de formación, cómo pensar en intervenir en una comunidad. Metodologías de intervención comunitaria; de investigación- acción- participación, de educación popular.
- ¿Cree que hay un terreno fértil para este cambio en toda la región?
Creo que si, fundamentalmente en los países en los que hubo gobiernos de signo progresista y en donde hoy por ejemplo gozamos de procesos democráticos plenos que permiten que la universidad pueda plenamente ejercer su rol en la sociedad. Son periodos en los que la universidad debe crecer, debe profundizarse y no se puede crecer en soledad. La universidad crecerá si lo hace con los sectores populares, con las organizaciones, con los movimientos sociales, con las comunidades, pensando las problemáticas de las regiones, pensando cuál es el proceso de desarrollo que las naciones deben tener y creo que en los últimos 10 o 20 años ha habido un espacio en las democracias latinoamericanas bien propicio para esto. A nivel de las universidades esa idea de repensar el compromiso social ha crecido, a contracorriente de otra idea muy fuerte, que es la de la privatización de la enseñanza terciaria y universitaria. Creo que en Latinoamérica todavía tenemos un espacio muy fuerte contratendencial a esa idea y pensamos que la enseñanza toda, pero la universitaria en particular, es un bien público, un bien social que es propiedad de los pueblos. Esa idea es fuerte hoy en muchas instituciones latinoamericanas y significativamente en la Argentina, donde las universidades nacionales tienen ese sello y hay valores muy fuertes: autonomía, cogobierno, gratuidad, libre acceso. Todo eso en las universidades argentinas y también en la Universidad de la República eso está muy presente, muy vivo. Argentina y Uruguay han dado en estos últimos tiempos un impulso fuerte a la universidad latinoamericana, con todas las dificultades de los neoliberalismos, que en parte los gobiernos progresistas detuvieron, pero creo que estamos en un momento propicio para seguir avanzando.






















