Walter Bosisio: "El desarrollo del campo cultural requiere saberes específicos"
La Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral desarrolló la semana pasada en Río Gallegos el tercer seminario del Curso de Postgrado en Gestión Cultural, un ambicioso proyecto de capacitación que apunta a propiciar la profesionalización de las instituciones y organismos vinculados a la cultura y la mejora de las políticas públicas que se implementan en el ámbito de la provincia.
El seminario, denominado ‘Promoción Social del Arte y la Cultura’, estuvo a cargo del Master Walter Bosisio, docente investigador de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional Arturo Jauretche, quien en los últimos años desarrolló una amplia experiencia en administración y gestión de políticas culturales desde distintos ámbitos gubernamentales
Si bien es licenciado en Sociología y actualmente está culminando un Doctorado en Ciencias Sociales y ejerce la docencia en esas áreas, la trayectoria profesional de Bosisio está atravesada por la gestión cultural, campo en el que se destacó desde que egresó de la primera Diplomatura en la materia dictada por la Universidad de San Martín a fines de los ’90.
En una extensa entrevista con Página UNPA, se refirió a la cultura como herramienta para transformar la realidad y al delicado equilibrio entre arte, pasión y administración que exige el desempeño profesional en el campo cultural
¿Cómo llega lo artístico y la gestión cultural a tu vida ligada a las Ciencias Sociales?
Como en toda biografía, son múltiples las dimensiones que a uno lo conectan con las áreas de interés. En particular, en mi historia, cuando yo empecé a estudiar sociología también venía de hacer un trabajo en teatro y ahí es cuando, en pos de consolidar el espacio de formación, terminé decidiendo por esa carrera mientras otros compañeros eligieron la Escuela Municipal de Arte. Terminada la carrera se abrió hacia fines de los años ‘90 un espacio de formación en gestión cultural, una primera Diplomatura, en el Instituto de Altos Estudios de la Universidad de San Martín. Fui parte de esa primera camada y ahí comencé un recorrido que me permitió ingresar a la gestión pública institucional en la Secretaría de Cultura de la Nación, en el Instituto Cultural de la provincia de Buenos Aires, donde estuve a cargo de la Dirección de Industrias Creativas y luego en Cancillería, con proyectos vinculados con lo que es Desarrollo Cultural y Economía.
- ¿Entienden los funcionarios que se requieren profesionales para gestionar el arte y la cultura?
Ese es un gran campo de debates y desafíos que enfrenta la formación en gestión cultural y el campo de la cultura en sí, que muchas veces se ha dejado como en manos de la idoneidad o del dejar hacer espontáneamente, como si tuviera que ver con capacidades espirituales del bello ser humano que se libra a si mismo y esto confronta en parte con la técnica, la administración y la reflexión científica. En realidad lo que vemos es que, como toda práctica humana en el mundo moderno contemporáneo, el desarrollo del campo cultural requiere de saberes específicos para reflexionar mejor sobre la propia práctica, ya sea artística o de la cultura en general y poder intervenir en ella. Y la verdad que es un trabajo que aún está como moldeando su perfil profesional. No se encuentra mucha gente que diga 'yo soy gestor cultural'.
- ¿Cómo es el campo de estudio y de trabajo?
Como campo de estudio y de aplicación conecta temas de Economía y Administración, búsqueda de fondos, con temas de realización cultural. Muchos de los que hacemos gestión cultural tenemos una orientación a trabajar en el arte y la cultura, pero el desarrollo de proyectos que permitan llegar a algunos logros y que puedan además ser ampliados a la población necesita de una serie de técnicas y de saberes. Un poco ese magma de sentidos múltiples que se conjuga en la idea de gestión cultural, que tiene una trayectoria que no es nueva. Sí es nueva la terminología actual, pero previamente, en los '60 y los '70 lo que se discutía mucho era el rol de animador o promotor cultural, que era parte también de lo que se ligaba a la militancia social. Uno era promotor y desde las cultura generaba la idea del cambio político. Eso mismo en los años '80 y '90, con las transformaciones del vínculo Estado- Sociedad, las privatizaciones, la entrada de un discurso más neoliberal e individualizante, generó otras lógicas. Y el otro tema es la visión de cultura que se puso en juego, porque la noción contemporánea no es la decimonónica de las bellas artes, sino que se ha transformado bajo una perspectiva o paradigma más socio antropológica, en el sentido que cultura es interpretada como el conjunto de símbolos, valores, creencias, tradiciones, costumbres, por lo hecho por los seres humanos. Es un campo más amplio el que se abre.
- ¿Y en el contexto actual qué es la 'promoción social del arte y la cultura'?
Lo que tratamos de aplicar son una serie de estrategias, técnicas, que permitan conjugar la reflexión teórica conceptual con la práctica concreta, en términos de proyectos, para la intervención en el campo cultural y para que asegure entonces el desarrollo sociocultural. Esto implica pensar reflexivamente identificando las problemáticas que tiene la comunidad, trabajar en ese diagnóstico, establecer una priorización de esas problemáticas para poder intervenir y diseñar una planificación estratégica de una serie de actividades con cronogramas de acción, recursos, presupuestos acordes para poder desarrollar los objetivos que uno se propone en términos de transformar esta realidad. Es un poco propiciar el desarrollo de la cultura, seguir ampliando derechos, capacidades de expresión de las múltiples diversidades que tiene nuestra sociedad.
- ¿Cualquier institución u organización puede incorporar la gestión cultural?
La cultura nos pertenece a todos y el reconocimiento de los distintos actores tiene que ver con que son varios los lugares desde donde se puede gestar y producir cultura con una fuerza más institucionalizada. No solamente el Estado, como gran institución, es el que puede promover la cultura. Es un actor clave, mucho más para los países de América Latina, pero también la sociedad civil organizada produce acciones artísticas y culturales, entonces ahí hay varios campos en los que uno se puede meter, desde trabajar en una ONG, una fundación, crear un colectivo de arte que pueda funcionar para desarrollar determinados objetivos e impactos.
-¿Hasta un colectivo de arte requiere gestión cultural?
Y si, porque para suponerse en el tiempo hace falta no solamente del impulso de la creación artística, sino el trabajo de sostener la producción de la obra artística cultural, entonces eso requiere un motor de creatividad, pero que se junta con una serie de técnicas, análisis de otras áreas como la económica, la administrativa, la política, para conocer por dónde uno construye el camino para que esa idea o ese valor que uno quiere desarrollar se concrete en la realidad y que también sea asequible a la comunidad con la que uno dialoga. Uno no produce arte para uno mismo, sino que se comunica con el resto del mundo.
- ¿Cómo se canalizan estos saberes en el marco del Curso de Postgrado de la UNPA?
Acá lo que estamos viendo son una serie de ejes de problematización, la noción de cultura, de diversidad cultural y de derecho cultural, que obran como fundamento para después pensar las prácticas que vamos a poner en marcha. Esto es para pasar por una planificación estratégica y método de participación en términos que lo que nosotros intentamos construir son modelos de democracia cultural y eso implica que trabajan no solamente los expertos, sino que trabajamos gestores, expertos, especialistas, con toda la humanidad. Todos los seres humanos producimos cultura, entonces desde esa visión de la cultura amplia es que también creemos que si queremos construir un orden democrático que se consolide y reconozca a los otros, a la diversidad que tenemos en una sociedad, hay que trabajar consciente y racionalmente para que esto también se ponga en marcha. Este es un cruce entre razón, pasión, sentimientos, que los espacios académicos habilitan para generar estas líneas estratégicas de intervención en la sociedad.






















