"La obligación que tenemos hoy es defender este Estatuto"
El decano de la Unidad Académica Río Gallegos, Alejandro Súnico, fue en la Asamblea Universitaria de San Julián la cara más visible de una propuesta que impulsaba un amplio sector de la comunidad universitaria para aplicar la elección directa a todos los cargos unipersonales de la UNPA. Si bien la moción no logró los votos necesarios para su aprobación, consideró que se logró “un avance importante” con la incorporación de este modelo para la elección de Decano y Vicedecano.
“Creo que la obligación que tenemos hoy es defender ese Estatuto y darnos el tiempo de prueba suficiente para ver si funcionan las cosas”, expresó Súnico, quién brindó su opinión sobre las reformas más importantes introducidas al reglamento de la Universidad
- ¿Qué balance realiza de la Asamblea en función de las expectativas que tenía?
Fue una experiencia sumamente interesante, porque en lo personal es la primera vez que me toca participar en una Asamblea que se hace nada más ni nada menos que para cambiar la ley máxima con la que se rige la universidad. Nuestras expectativas se habían centrado mucho en poder generar pautas que permitan una mayor democratización e incorporación de la gente a los procesos de decisión, no solo en aspectos referentes al Gobierno, sino también a la participación cotidiana, en la construcción de un nuevo modelo de ciudadano universitario. Por eso habíamos llevado como propuesta central la reforma del sistema electoral. Por el crecimiento que ha tenido la UNPA en cuanto a alumnos, docentes y no docentes, creíamos que iba a ser beneficioso, para alcanzar estos objetivos, pasar a un sistema de elección directa en el que los candidatos tengan un mayor grado de explicitación y exposición de sus propuestas, y que la comunidad pueda visualizar fácilmente no solo la figura del candidato, sino también el sustento político e ideológico que hay atrás de esa figura.
En ese sentido creo que se avanzó en una medida importante al nivel de las unidades académicas con la elección directa. Nosotros queríamos también en Rectorado la misma situación, pero no se dio. Así es justamente la democracia, encontrar puntos intermedios a donde puedan convivir todos los actores de una comunidad.
- ¿Se infiere con esto que el sistema directo es más democrático que el indirecto?
Yo no lo mediría en esos términos, porque tampoco lo hemos planteado en función de mayor o menor democracia. Sí creemos que a una determinada escala de una institución es necesario que haya un acercamiento mayor hacia el elector, no solo de los candidatos como personas, sino de los acuerdos programáticos que ha realizado. Con la elección indirecta ha pasado que, como muchas veces media un año entre la elección de consejeros y la de decano o rector, la comunidad universitaria en algunos casos ni se enterraba de que había un proceso electoral, y entonces no había necesidad de explicitar ideas más que frente a los electores, que son sólo 12 en el caso de las unidades académicas y 52 en todo el sistema. Eso hizo que se fuera separando la relación de los candidatos con la gente.
- ¿Qué opina sobre los cambios introducidos a la estructura y la gestión académica de la universidad?
Hay que separar lo que es por un lado la estructura de gestión, con la incorporación del Vicedecano y quizás las escuelas e institutos, que son beneficiosos si se trabaja con responsabilidad. Es cierto que el Estatuto anterior concentra en la figura del decano muchísimas actividades de índole tanto académica como administrativa, sacándolo de la posibilidad de generar o fomentar la discusión de políticas. Por lo tanto el vicedecano puede llegar a descomprimir esta situación.
Las escuelas e institutos son positivas en la medida que las carreras o los proyectos de investigación vayan teniendo una masa crítica, una relevancia y una complejidad que amerite estas estructuras. Crear un instituto de tres personas no me parece conducente, pero si tiene cinco líneas de investigación y un número importante de personas, le da otra relevancia.
Y en cuanto a la equiparación de los cuerpos colegiados de las unidades académicas, me parece bueno porque siempre hay un mito respecto a la intencionalidad que tienen las sedes más grandes de avanzar sobre las más chicas. Esto creo que es el federalismo extremo, donde se equiparan los cuerpos colegiados sin tener en cuenta dimensiones o indicadores de cantidad. Por lo tanto creo que nos pone en un marco de discusión totalmente distinto, ya que tenemos todos la misma representación en el sistema, tanto para la asignación presupuestaria como para la discusión de políticas. Es importante que se haya logrado esa equiparación.
- Hubo debates apasionados que generalmente se dieron entre la unidad académica más grande y la más pequeña. ¿Esta pasión genera alguna situación de ruptura?
Una Asamblea Universitaria es el lugar en el que se llevan todas las cuestiones a debate. Nuestro espíritu fue justamente encontrar un punto de acuerdo que nos permita convivir. De parte nuestra no hay fisuras irreconciliables porque pusimos nuestras ideas sobre la mesa, debatimos, y obviamente las defendimos con pasión, porque estamos comprometidos con la gestión. Pero para nosotros esa instancia está terminada porque somos profundamente democráticos y sabemos aceptar los dictámenes de las mayorías.
- ¿Piensa que quedó algo sin tratar, o algún tema que debería figurar en el nuevo estatuto? ¿Considera que hay cambios que va a ser difícil plasmar en la realidad?
Creo que la obligación que tenemos hoy es defender este estatuto y darnos el tiempo de prueba suficiente para ver si funcionan las cosas. Sí me parece que nos podríamos haber dado un tiempo mayor para definir algunas cuestiones que hacen al sentido de la universidad, como hacerla mucho más amigable en términos de la diversidad, de la problemática de la discapacidad, de los derechos humanos. Se podrían haber incorporado más fuertemente en el Estatuto las cuestiones ambientales y los compromisos que tiene la universidad con la región. Respecto del resto, tengo que ser respetuoso de lo que votó la asamblea.
- ¿Cree que hubo algo que pudo ser votado erróneamente?
El juego y el desafío de la democracia es precisamente cuando se encuentra con otro grupo que opina mayoritariamente distinto. Sin embargo, eso no quiere decir que uno no siga pensando que su postura era la válida. Y eso es lo que estamos diciendo en el caso de la elección directa, y por eso manifesté en el cierre de la Asamblea que me pareció un error fraccionar el sistema electoral. Pero nosotros fuimos, presentamos nuestra posición, se votó y no obtuvimos la mayoría suficiente.
- ¿Cree que en alguno de los casos los claustros o cuerpos actuaron corporativamente?
Hay que separar lo que es corporativo de lo que es defender los intereses del sector por el cuál fue elegido. Yo creo que acá todos explicitaron en cierta forma defensas e intereses sectoriales asociadas a los alumnos, a los docentes o a los no docentes.
- El sector de Administración y Apoyo hizo fuertes reclamos por incrementar su participación, y lo logró parcialmente. ¿Cuál fue su postura al respecto?
Yo no estaba de acuerdo con aumentar la cantidad total de consejeros en los cuerpos colegiados. No le veía problema al incremento de los no docentes, pero si me parecía muy dificultoso llevar a 8 a los profesores y a 6 a los estudiantes en los Consejos de Unidad, porque una lista requiere 15 docentes con los suplentes. Entonces conseguir 15 profesores en lugares en los que hay 70 y 80 es muy difícil, y dos listas exigen involucrar a casi el 50 por cient0o de la planta. A la luz de cómo se votó y la dinámica que se impuso, creo que muchos habían terminado de votar y todavía no llegaban a entender que se estaba discutiendo.
Sí me pareció que se podía aumentar el número en la Asamblea. De hecho, quedaron cinco representantes del cuerpo de Administración y Apoyo en el Consejo Superior, que no es menor, porque tienen más consejeros que los auxiliares y que los alumnos. Y en la Asamblea pasan de tener 5 a tener 10. Me parece un avance más que significativo, por el solo hecho de que es el cuerpo permanente en la institución, y por lo tanto sus decisiones están acompañadas por la permanencia histórica y por una visión más holística de la institución.
- Le va a tocar llevar adelante la implementación de la elección directa para decano. ¿Qué desafíos, inconvenientes y beneficios puede traer esto para la UARG?
Creo que va a ser un desafío interesante, en el sentido que cambia las formas de hacer campaña. Los candidatos ahora van a tener que salir a explicitar su propuesta y a convencer a la totalidad de los docentes, los no docentes y los alumnos. El desafío central, porque no estamos acostumbrados a ese esquema. Generalmente los que hacían una explicitación de propuestas eran los consejeros, y ellos después elegían. En nuestro caso, un año antes de la elección de decano se elegían los consejeros, y uno al ver la composición de ese cuerpo ya sabía quién iba a ser el decano el próximo año, lo que dejaba cualquier otra postulación como una candidatura testimonial. Ahora pueden surgir nuevos candidatos, y habrá que lograr que participe masivamente la comunidad universitaria.
- ¿Cree que los candidatos pueden llegar a buscar apoyo en sectores extrauniversitarios?
Yo creo que todavía la escala no da para eso. Al menos dentro de nuestra unidad académica las listas en general son multipartidarias. Me parece que dentro de la universidad hay un acuerdo sobre objetivos más institucionales que políticos externos y que todavía la comunidad universitaria, al menos en Río Gallegos, ve como un riego introducir la política partidaria dentro de la universidad para conseguir determinados objetivos.
Por eso decíamos que no pasaba la elección directa por entrar o no entrar a la política. Nosotros tenemos militancia política partidaria todos los días en la Unidad Académica. Si queremos ponerlo en números es medio tendencioso, pero el 50 por ciento de nuestros rectores fue diputado luego de su mandato.
* La presente nota fue publicada hoy en Página UNPA


