Rojas: "La lucha por los Derechos Humanos debe ser reafirmada en el contexto actual"

ImprimirEnviar a un amigoPDF
El rector recibió de manos de Carlotto el tradicional pañuelo de las Abuelas de
Galería de fotos

El Rector de la UNPA se mostró preocupado por el resurgimiento de un discurso negacionista y obstructor y por la retracción del Estado respecto de estos temas. “Sostenemos como un símbolo, como un emblema, y como una estimación con sostén objetivo, que son 30.000 los detenidos-desaparecidos en la dictadura cívico militar”, dijo

 

Visita de Estela de Carlotto a la UNPA- Galería de imágenes

Durante la visita a Río Gallegos de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, el rector de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Ing. Hugo Rojas, se mostró preocupado por “un contexto que se caracteriza por un negacionismo que está presente, muy latente, emergiendo” y “un Estado que parece retraerse en todo lo que tiene que ver con la consolidación de los derechos humanos”.
   “Valoramos muchísimo el esfuerzo y los 40 años e lucha de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo por lograr ese fuerte y firme consenso social por los derechos humanos y contra el terrorismo de Estado, una lucha que entendemos que  debe ser reafirmada en el contexto actual en el que nos encontramos”, sentenció Rojas en declaraciones a la prensa antes de la charla abierta que Carlotto brindó el martes en el Campus de la UARG, en el marco de las actividades por el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia.
El rector lamentó que esta retracción del Estado afecte especialmente “ese derecho que la ciudadanía y que la sociedad han ganado en estos últimos años y que es el derecho a la ampliación de sus derechos”.
Luego, en el discurso que pronunció en el acto protocolar que precedió a la charla abierta de Carlotto, Rojas señaló que “hoy se presenta un contexto menos terrorífico, pero igualmente obstructor que pareciera emerger con actores diferentes” para “cuestionar lo que con dolor, esfuerzo y lucha se pudo conseguir”.
En tal sentido, consideró que el 24 de marzo “se ha transformado en un componente de lo que podríamos llamar el núcleo de disensos básicos que agrupa a los que buscan torcer ese gran acuerdo social” respecto de los derechos humanos y se preguntó “a qué se debe semejante pulsión por el desplazamiento de esta fecha dedicada a la reflexión, a la memoria, y a la demanda de verdad y justicia”.
“Es la continuidad en la acción de la misma estrategia de ocultamiento, de borrar todo signo de lo que pasó, desde el momento mismo de la primera acción embozada, invisibilizada ante la sociedad”, acotó.
Asimismo, sostuvo “como un símbolo, como un emblema, y como una estimación con sostén objetivo, que son 30.000 los detenidos-desaparecidos en la dictadura cívico militar iniciada el 24 de marzo de 1976” y aseguró que “la presencia multitudinaria del pueblo en la Plaza de Mayo el pasado 24 de marzo fue la respuesta contundente de la sociedad a esas pretensiones hetero-crónicas”.

 

DISCURSO COMPLETO DEL RECTOR DE LA UNPA, ING. HUGO ROJAS

En nombre de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, tengo el honor de darle la bienvenida a la ilustre Presidente de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Barnes de Carlotto, quien en octubre de 2014 fue declarada Doctora Honoris Causa de esta Universidad por sus meritorios aportes al campo humanístico, social, cultural y político en consonancia con la historia de esta institución y la visión de su comunidad universitaria.
Debo destacar que a la fecha, la Universidad ha otorgado 3 distinciones de Doctor Honoris Causa. Dos de ellas fueron concedidas a personalidades que se distinguen en la lucha por los derechos humanos, el Doctor Honoris Causa Osvaldo Bayer y la Doctora Honoris Causa, que hoy nos acompaña,  Estela Barnes de Carlotto. Una muestra clara del compromiso de la Universidad en la promoción y defensa de los derechos del hombre y de la mujer. Una muestra más que se suma a la integración de la UNPA a la Red por el Derecho a la Identidad, de iniciativa de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo y de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, una muestra más que se suma a la Red Interuniversitaria por la Igualdad de Género y contra las Violencias, y también a la postulación de la UNPA a integrar el Consejo Consultivo del Consejo Nacional de la Mujer.
Cuando analizamos qué hizo a ese colectivo mínimo de 12 abuelas que iniciaron sus rondas por Plaza de Mayo cobrar la fuerza, la adhesión y la dimensión que hoy tiene en nuestro país y en el mundo, surge ineludiblemente en el análisis el proceso de construcción de la identidad. Y en este sentido, entiendo que el amor inconmensurable, la infinita paciencia y tolerancia, y cierto grado de aceptación pedagógica de la transgresión, que son inherentes a la naturaleza de los abuelos, son fundamentales para esa construcción. Es así como la combinación sinérgica del motor de la búsqueda de la identidad con el impulso natural de la búsqueda de la descendencia, transforman a ese proceso en incontenible.
Éste es el motivo por el que entiendo, no pudieron detener la marcha de las 12 abuelas iniciales, ni de las que se sumaron, como tempranamente lo hizo Estela, aquellos que luciendo vestimentas ornamentadas con doradas charreteras o purpuradas coronillas, intentaron atrancar su largo camino de búsqueda e investigación atravesando sus calzados relucientes, de alta caña y taquito epónimo,  lustrados por  mano ajena, en aquellos tiempos casi sometida a servidumbre, ni el temor que infunde el uso monopólico y discrecional de la fuerza representada y ejercida por sus blandientes bayonetas, ni la práctica sistemática del uso de argucias de quien tiene los medios para la contaminación y la confusión planificada, en la que cuando el cansino y desgastante recurso burocrático se agotaba, concurrían en urgente auxilio las jerarquías espirituales con la disciplina que impone la fe y los instrumentos de la resignación y el milagro movido por el diálogo divino, o la participación de ciertos sectores de la civilidad animados por la mundana codicia.
Es en ese contexto en el que se inserta el derrotero que iniciaron las abuelas en octubre de 1977, por la búsqueda conjunta de los bebés de sus hijas y nueras desaparecidas. Una búsqueda y una acción tenaz a lo largo de cuarenta años, que junto a las demás organizaciones de derechos humanos del país, Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, Hijos e Hijas por la Identidad, la Justicia contra el Olvido y el Silencio, Liga Argentina de Derechos del Hombre, Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, y las demás organizaciones y alianzas que promueven la memoria sobre las violaciones a los derechos humanos, y sostienen el valor y la lucha por la verdad y la justicia para el fortalecimiento democrático de la Nación, lograron instalar el consenso social sobre el terrorismo de Estado.
Hoy, se presenta un contexto menos terrorífico, pero igualmente obstructor que pareciera emerger con actores diferentes y, aunque en forma minoritaria por personajes de aquellos tiempos que se filtraron por el grueso tamiz de las negociaciones incompatibles con el interés general de la sociedad, y que hoy recuperan sus voces carapintadas para cuestionar lo que con dolor, esfuerzo y lucha se pudo conseguir: este gran consenso social que mencionaba respecto al terrorismo de Estado y la defensa de los derechos humanos.
Oponiéndose al destino de no participar en la construcción de la identidad temprana de sus nietos, las abuelas lucharon denodadamente para ser parte de su recuperación. La recuperación de sus retratos, del perfil físico y moral reconstruido y templado por el conocimiento de la verdad, de la procedencia. Buscando que las diferencias se identifiquen y se justifiquen a partir de su origen, y que como en el cuento de Andersen, pueden encontrarse en el linaje de belleza y esplendor que en la metáfora transmite un huevo de cisne. Ésa fue la impresión que, entre otras emociones, me transmitió el relato de Horacio Pietragalla Corti en su conferencia realizada en este mismo lugar el 24 de  marzo del año pasado.
Un 24 de marzo, una fecha que se ha transformado en un componente de lo que podríamos llamar  el núcleo de disensos básicos que agrupa a los que buscan torcer ese gran acuerdo social. Un núcleo en el que además se encuentran el negacionismo del genocidio cometido por la dictadura, el cuestionamiento a la dimensión del daño infligido a la sociedad argentina, y al letargo del Estado en los procesos del movimiento de Memoria, Verdad y Justicia, con el que se pretende avanzar en contra de la adhesión social que en materia de derechos humanos a través de tanta lucha construyó la sociedad.
Me pregunto a qué se debe semejante pulsión por el desplazamiento de esta fecha dedicada a la reflexión, a la memoria, y a la demanda de verdad y justicia, consagrada a la consolidación de la memoria colectiva de la sociedad, a la generación de sentimientos contrarios a todo tipo de autoritarismo y al afianzamiento del Estado de derecho y la plena vigencia de los Derechos Humanos. Es la continuidad en la acción de la misma estrategia de ocultamiento, de borrar todo signo de lo que pasó, desde el momento mismo de la primera acción embozada, invisibilizada ante la sociedad. Ocultamiento y borrado de toda prueba, de todo vestigio del pasado, que se constituye en base vacía y oscura sobre la que se sostiene el negacionismo, y su pretensión de reducir semejante injuria al estado de derecho y a la sociedad a una mera cuestión aritmética, y a la equiparación de la violencia política y la violencia institucional. Además de ese motivo estratégico, creo también que la fecha hiere a los responsables y a sus seguidores en la acción o en su justificación, que en las conciencias culpables se convierte en castigo eterno y cíclico, y que siendo la sanción infinita, están condenados a la restauración de las heridas para que justo un año después, la misma fecha histórica resonando en las mismas almas manchadas, la reproduzca en las conciencia blanqueadas cuya corrupción vuelven a emerger de la cubierta encalada con la que se las pretende disimular.
La presencia multitudinaria del pueblo en la Plaza de Mayo el pasado 24 de marzo fue la respuesta contundente de la sociedad a esas pretensiones hetero-crónicas.
Un negacionismo que no sólo niega, sino que apelando al registro documental, imperfecto e incompleto, hace cuentas en el conjunto infinito y cualitativo de la Verdad, con el fin de convertirlo forzadamente en numerable y así poder exhibir en ese campo sus buenas artes para el regateo.
Los incompletos e imperfectos registros documentales sobre lo sucedido en la dictadura, que tal como lo describe Luis Eduardo Duhalde en su carta a Graciela Fernández Meijide, son producto del ocultamiento y borrado de pruebas, a lo que se sumó en el restablecimiento de la democracia, el desaliento que dejaron las Leyes de Obediencia Debida (1986) y Punto Final (1987), seguida de los decretos de indultos del Presidente Menem (1989 a 1990) que impusieron un período de impunidad que llegó hasta el año 2003, el fallecimiento de los padres de las víctimas o su resignación, el poder que seguían teniendo aún en democracia represores como Bussi y Menéndez, la falta de acceso a la justicia por parte de poblaciones en condición de marginación social, no pueden ser la base para ponerle un número al afán negacionista, que desconoce el sustento objetivo de la estimación que son 30.000 los desaparecidos.
Como digresión debo decir, que reconoce Darwin en El Origen de las Especies que la geología no revelaba la existencia de la serie orgánica gradual que lleva de las formas madres a las formas nuevas, y que ésta era la objeción más grave y clara que podía presentarse en contra de su teoría sobre el Origen de las Especies. No obstante la gravedad de la refutación, Darwin argumentó que la explicación de la falta de evidencia de esas formas intermedias en los estratos de la corteza terrestre, estaba en la extrema imperfección de los registros geológicos. Si Darwin hubiera seguido los paradigmas de contrastación que propician los negacionistas de hoy, que basados en asientos faltantes de sus registros imperfectos, coincide en esencia con los objetores contemporáneos de su obra, la navegación por las aguas del creacionismo hubiera sido mucho más larga, y por lo dogmática, muy poco estimulante.
Por ello, sostenemos como un símbolo, como un emblema, y como una estimación con sostén objetivo, que son 30.000 los detenidos-desaparecidos en la dictadura cívico militar iniciada el 24 de marzo de 1976.
Mencionaba también en este contexto actual al que deben enfrentarse y renovar su lucha los organismos de derechos humanos al negacionismo. Un negacionismo que no sólo niega, un negacionismo que también ofende. Ofende a las víctimas y a sus familiares injuriando la lucha por la justicia y la reparación con el insulto del negocio de los derechos humanos. Ofende cuando se exponen casos, que al ser puestos en su verdadero contexto, caen siempre fuera del ámbito de la sufrida lucha por la verdad, la justicia y la reparación. Sobre tan endebles bases, el método inductivo de ninguna manera puede habilitar un salto conclusivo que lleve a semejante generalización.
Mencionábamos también el rol del Estado en materia de derechos humanos, lo que no se expresa en uno solo de sus poderes. Un Estado que debe asistir a audiencias ante los organismos internacionales de derechos humanos para dar cuenta de la represión de la protesta social, de las garantías individuales de las personas y sobre las políticas migratorias, debe poner en práctica acciones concretas para revertir las condiciones por las que se lo demanda.
Las restricciones y el menoscabo a derechos humanos fundamentales reconocidos en nuestro país avanzan peligrosamente contra el principal derecho al que accedió la ciudadanía en estos últimos años: el derecho a la ampliación de su derechos. Así, en nuestro ámbito educativo, asistimos con inquietud al retroceso que estamos experimentando en el campo de los derechos humanos. Tanto los que caímos en la escuela pública como los que pudieron ir a la escuela privada, pudimos observar el avance contra el acceso irrestricto a la educación superior establecido por la Ley Nº 27.204 de Efectiva Implementación de la Responsabilidad del Estado en el Nivel de Educación Superior, que órganos del poder judicial lo declararon inconstitucional sobre la base de la consideración selectiva de pactos internacionales, desconociendo sus mismas disposiciones que dicen expresamente que no podrá admitirse restricción a ningún derecho humano bajo el pretexto de que el pacto no los reconoce o los reconoce en menor grado.
Ante ese mismo Estado afirmamos que sostenemos y reivindicamos que la educación y el conocimiento son un bien público y un derecho humano, personal y social garantizado por el Estado, tal como lo prevé la Ley de Educación Nacional.
Pero pese a todos estos obstáculos, pese a este nuevo contexto desalentador, la situación no es la misma que hace 40 años cuando las Abuelas estaban solas. Hoy no están solas, fruto de su esfuerzo y del consenso social construido y sostenido bajo una memoria colectiva, las abuelas no están solas. La acompañan los nietos recuperados y su inmersión en la lucha en la acción de base y también descollando en lugares de toma de decisión y definición de políticas públicas. Las abuelas han construidos redes, como la Red por el Derecho a la Identidad conformada a partir de la iniciativa de Abuelas de Plaza de Mayo y de la Comisión Nacional por el Derecho a la identidad, CONADI, y de la que la UNPA forma parte, llevando el mensaje de identidad a los posibles nietos que aún no han recuperado sus retratos. Las abuelas no están solas y ésa es la fuerza de su lucha, que es una lucha de todos.
Finalmente podemos decir, como lo dicen las abuelas, la vida con el móvil de la esperanza y la fuerza del compromiso, abre caminos allá donde pareciera imposible hallarlos, y en definitiva la vida termina encontrando a la vida.
Bienvenida a la Universidad Nacional de la Patagonia Austral Doctora Honoris Causa Estela Barnes de Carlotto.

 

 

Formulario para denuncias de violencia de género